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Persecución religiosa
De héroe a villano, la lucha de un refugiado político contra la injusticia
Cantabria | Fecha de publicación: 25/05/2011 21:27
Imran Firasat mantiene una lucha personal contra el Islam que le ha costado multitud de problemas judiciales.
Imran Firasat mantiene una lucha personal contra el Islam que le ha costado multitud de problemas judiciales.
Guillermo San Emeterio
Imran Firasat pasó de defensor de la libertad a ‘descuartizador del kebab’ por una acusación falsa. Tras probar su inocencia quiere limpiar su nombre.
Una sola denuncia puede cambiar la vida a cualquiera, no digamos tres. Romper una imagen y estampar un sello de culpabilidad sobre la frente de un inocente es tan sencillo como lograr el más mínimo eco mediático con polémicas acusaciones. Imran Firasat puede asegurarlo. Este ciudadano pakistaní de 33 años renegó de la religión islámica y se instaló en Cantabria en el año 2004, buscando comenzar una nueva vida en occidente. Años más tarde, tendría que enfrentarse a acusaciones de lo más variopintas, desde estafa a robo por intimidación, pasando por la más cruenta de todas ellas: asesinato con posterior descuartizamiento. Todas ellas probadas falsas.

Para Imran la causa está más que clara. En declaraciones a AQUÍ DIARIO, detalla que, tras su llegada a la región, comenzó un blog en el que expresaba su disconformidad con su antigua creencia y denunciaba la vulneración de derechos humanos que determinados países escudan bajo el cumplimiento de la ley islámica. Su particular condición captó la atención de varios medios de comunicación, tanto cántabros como nacionales, lo que le permitió publicar artículos y columnas de opinión en una decena de rotativos y cadenas televisivas.

Al igual que en su país, esta dura oposición al Islam (llegando a publicar en su sitio web incluso caricaturas de Mahoma, considerado crimen para esta religión) le valió multitud de detractores y amenazas de muerte que él atribuye a “musulmanes que viven en España”. Imran asegura que su último texto, publicado en el diario ABC, provocó ataques físicos y fuertes insultos contra su persona. Temiendo por la integridad de su mujer y sus dos hijos, nacidos en Cantabria, decidió dejar España por una temporada. Tras su marcha comenzaron las primeras dificultades legales: una denuncia por estafa por parte de los antiguos socios de su mujer, junto a los que regentaba un restaurante de kebab, que además le acusaban de haber huido del país.

Los medios que antes publicaban gustosos sus opiniones no intentaron siquiera ponerse en contacto con él, dando por válidas las acusaciones. Imran afirma en primer lugar que “nunca tuve intención de no regresar a España porque es mi país”. “Había problemas entre los socios”, añade, “yo nunca los estafé”, argumento que quedó demostrado tras ser absuelto de este cargo.

En este periodo se instaló temporalmente en Indonesia, donde no cejó en su cruzada anti islámica en la red y en la calle, lo que provocó un fuerte rechazo y persecución que le llevó, tras ser expulsado del país asiático, a pedir el asilo político en España. Una vez concedido este grado, en el pasado año 2010, la policía de Yakarta formuló una orden de arresto internacional por un delito de secuestro, asesinato y descuartizamiento, bajo pena de muerte sustituible por una condena de prisión de 15 años.

“Un país radicalista”

La Audiencia Nacional negó esta extradición basándose en la condición de Imran de asilado político y abrió la opción a que las autoridades indonesias solicitasen un juicio en España: “[...] no puede accederse a la entrega interesada, sin perjuicio de que, si así lo estiman oportuno, puedan las autoridades de la República de Indonesia denunciar los hechos ante las autoridades españolas a fin de que el reclamado pueda ser juzgado en España”.

Imran destaca que a día de hoy las autoridades indonesias no han presentado prueba de ningún tipo “porque no las hay”, afirma. Asimismo, resalta que fue expulsado de este país, como consta en su pasaporte, el 7 de julio de 2010 y condenado apenas 8 días más tarde sin contar con su presencia. “¿Qué país tiene un sistema judicial tan rápido e injusto que en tan poco tiempo y sin presencia del acusado puede condenar a 20 años?”, apunta indignado. Para Imran el errático comportamiento de la Justicia indonesia es símbolo de la persecución religiosa que, asegura, se esconde tras estas acusaciones. “Indonesia es un país muy corrupto, no respeta los derechos humanos, es un país de radicalistas. Un país que tortura a su propia gente”

Tres meses en prisión y una imagen brutalmente demacrada quedan como resultado tras ser acusado del “delito más cruel e inhumano del mundo”, como Imran lo define. Rotundo, insiste en señalar sus escritos contra el Islam como causa indubitable de las acusaciones. “Los islamistas no pueden aguantar si alguien habla contra ellos, su religión o su guerra santa”, incide, “estoy luchando contra el terrorismo, aunque todo el mundo me deja solo. Pero yo seguiré hasta mi último respiro, porque estoy luchando contra el terrorismo. Indonesia sabe que si hubiese dado la verdadera razón de mi persecución España no lo habría aceptado, porque aquí se cree en la libertad de expresión”.

El caso de Imrad va más allá de su propia integridad. Su mujer se encuentra actualmente detenida en Indonesia en lo que él ve un claro chantaje: “la detienen porque me quieren a mí, la están utilizando como un arma y mis hijos están sufriendo allí”. “Es todo lo que he recibido por escribir contra los islamistas”, reconoce indignado.

Tercera denuncia 

El calvario de Imran no concluye con la acusación que le valió el apodo de ‘descuartizador del kebab’. Además de Santander, también residió un tiempo en Córdoba, donde trabajó como asalariado. Su jefe, también pakistaní, interpuso una denuncia en su contra por robo con intimidación con arma blanca. Nuevamente fue absuelto, en este caso por el juzgado de lo Penal de la ciudad andaluza. En este caso, a la marcada faceta anti islámica de Imran se suman los problemas laborales a los que tuvo que hacer frente al no contar con contrato de trabajo. Tras pedir a su jefe varias veces, sin éxito, que formalizase esta situación, le amenazó con denunciarle ante la Seguridad Social. Fue en este momento cuando su superior interpuso una denuncia, puesto que “sabía que si yo le denunciaba tendría que pagar mucho, al tener varios trabajadores ilegales en su empresa”. En esta ocasión, Imran decidió contraatacar con una denuncia por delito de acusación falsa y contra los derechos de los trabajadores.

“No tengo antecedentes penales ni los tendré, porque no soy un delincuente”, señala. Imran afirma hablar “en favor de la humanidad y en contra del terrorismo y el Islam”, por lo que reconoce “tanto ahora como en el futuro tendré muchos problemas con musulmanes, pero sólo hay dos opciones: dejar de escribir por su miedo o luchar contra ellos hasta que tengamos un mundo sin radicalismo”. Su particular visión del Islam le lleva a estar convencido de que la “educación violenta del Corán convence a millones de musulmanes para que abracen el camino del terrorismo, contra los países occidentales y contra personas inocentes como parte de su Guerra Santa, si Yihad”.

Imran planea volver próximamente a vivir en Cantabria, porque lo siente su hogar. Desde aquí continuará con lo que el considera una causa necesaria, desde su blog. Y seguirá haciéndolo cueste lo que cueste.

Denuncia a los medios que lo acusaron

La prensa de España me ha dejado solo en mi lucha contra el islamismo”, así resume Imran Firasat su parecer tras años como columnista ocasional en diversos medios. Estos medios, entre ellos los cántabros El Diario Montañes y Alerta, publicaron las informaciones que daban a Imran como culpable tanto del delito de estafa del que fue absuelto como del asesinato por el que no se presentó prueba alguna.

Ante esta situación, Imrad decidió iniciar actuaciones legales contra ambos medios e interpuso una demanda para la celebración de un acto de conciliación, previo a la interposición de una querella criminal por un presunto delito de calumnias e injurias graves. Dos artículos, ‘Firasat, un ordenador pensante’ y ‘De refugiado por amor a hostelero fraudulento y ahora descuartizador’ bastaron para exigir una compensación 200.000 euros a cada empresa mediática.

“Mi nombre, mi vida, todo está dañado”, lamenta el demandante. “La prensa ha escrito todo lo que decía la Policía, pero nadie, ni una vez, me ha preguntado si yo tengo algo que decir al respecto. Estoy fuera de prisión y es porque no soy un delincuente, como ya se ha demostrado”. Imran critica de este modo este “abandono” unilateral que, considera, ayudó a perjudicar más aún su imagen. “La prensa tiene su libertad de expresión, que hay que respetar, pero ¿dónde queda mi presunción de inocencia?”.
 
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