Terrorista viene de terror. Causar terror para lograr sus propósitos. Pues bien, el presidente de Cantabria, Ignacio Diego, es un terrorista de libro. Ayer, con plena conciencia, premeditación y alevosía, extendió un manto de terror sobre los empleados públicos en particular y los ciudadanos de Cantabria en general. Miles de funcionarios ven su puesto de trabajo en el aire y a otros se les aumenta la jornada laboral y reducen los ingresos; los ciudadanos de a pie pagarán más impuestos y recibirán menos y peores servicios. Y las libertades…, bueno. las libertades que se configuran en torno a organismos e instituciones independientes que representan la pluralidad de la sociedad, quedan suspendidas ‘sine die’.
No es sólo que el presidente Diego mintiera cuando con lenguaje tabernario espetó a quienes le criticaban que se iban a “joder” los que denunciaban recortes porque no los habría. El tiempo ha demostrado que si nos iba a joder y nos han jodido. Que en sanidad se trabaje dos horas y meda más o que los profesores tengan que atender a más alumnos, no es eficiente ni eficaz. Provocará, de un lado, peores servicios, de otro, que al menos un millar de posibles interinos se queden a las puertas de un empleo que, aunque temporal, hubiera sido una tabla de salvación en los tiempos que corren. Por cierto que los recortes no son de aplicación en la sanidad y educación privada, que podrá mejorar su oferta mientras cae en picado la calidad de los servicios públicos.
Que el presidente miente es un hecho. Miente sobre el montante de la deuda farmacéutica y sobre la deuda regional en general. Las deudas de las administraciones o se reflejan en los presupuestos o no tienen existencia legal. Hace un mes y medio el presidente Diego tuvo la oportunidad de reflejar presupuestariamente las carencias económicas de la región. No lo hizo. En la ‘fiesta’ del bipartido, cuya cuenta dice que el tiene ahora que pagar, ¿incluye el pleno empleo logrado entre los años 2005 y 2007, cuando todos los indicadores económicas de Cantabria situaban a nuestra región por encima de la media nacional? La obsesión de Diego con sus antecesores en el cargo, que comienza ser patológica, es tal que ayer, en medio de una conferencia de Prensa para anunciar a los cántabros sangre, sudor y lágrimas, no se cortó un pelo y puso a un crédito extraordinario para hacer frente a deudas el nombre del ex presidente Revilla. Creo que este detalle califica, sin necesidad de añadir ni un adjetivo más, la catadura personal y política del presidente Diego.
Pero la peor mentira de Diego no fueron sus palabras sino sus silencios. El presidente de Cantabria, que alardea de decir siempre la verdad a los cántabros, anunció la reducción a la mitad de las empresas públicas, pero se negó a cuantificar el número de trabajadores de estas que perderán su empleo. En los próximos días se producirá un goteo permanente de despidos, aplicando lo peor de lo peor de la nueva reforma laboral aprobada por el Gobierno de Rajoy. La lista, que si está en poder del presidente, pero que ayer negó a los medios de comunicación, tiene alrededor de medio millar de nombres. Los más de 2.000 trabajadores del sector público de Cantabria son a día de hoy rehenes de un presidente regional que actúa como el peor de los empresarios piratas. Todos son susceptibles de entrar en la lista de despedidos. Y no hay nada más terrible que ver su puesto de trabajo en el aire, sin saber ni cuándo ni cómo vas a tener que recorrer el camino hacia la oficina del paro.
Las perdidas de las empresas públicas, utilizadas como argumento para el despido que, además, se podrá hacer con indemnizaciones ridículas, no se sostiene y terminará en los tribunales de justicia. Las empresas públicas no están en el mercado, dependen de los presupuestos del Gobierno para llevar a cabo las políticas y actuaciones que aquel les encomiende, y si tienen perdidas es porque no están suficientemente dotadas económicamente o porque las tareas impuestas superar sus previsiones presupuestarias. Es muy fácil dejar sin presupuesto a una empresa pública, que no tiene otros ingresos que los provenientes de los Presupuestos Generales de la Comunidad Autónoma, para justificar perdidas y despedir trabajadores. Díaz Ferrán sería un excelente candidato a empresario modelo comparado con Diego.
Pero continuemos con las mentiras del presidente, que ayer en la rueda de Prensa fueron muchas y gordas. El pasado mes de enero el PP defendió ante el Parlamento de Cantabria que suprimir el impuesto de sucesiones y donaciones, aún a costa de dejar de ingresar unos cuantos millones de euros, era una medida necesaria para activar el empleo y la inversión empresarial. Diego, como buen aprendiz de liberal, sostiene que el dinero está mejor en el bolsillo de los ciudadanos y que, por tanto, impuestos cuantos menos mejor. Pero si donde Rajoy dijo no subiré los impuestos, digo Diego y los subió, ¿por qué el Diego presidente iba a ser menos? El céntimo sanitario, en realidad 4,8 céntimos por litro de gasolina y gasóleo, el máximo permitido por ley, es un impuesto que grava por igual al millonario que al parado. Y es más injusto todavía cuando la crisis aprieta y los precios de los carburantes están por las nubes.
Pero las familias, las clases medias, los trabajadores cántabros no sólo van a pagar más por llenar el depósito de su vehículo, también verán que las tasas del saneamiento también se disparan a niveles máximos. Desde la oposición el PP combatió de forma rotunda al Gobierno PSOE-PRC por intentar cumplir con el mandado de la Unión Europea de que el saneamiento se autofinancie. Anteriormente, cuando el PP gobernaba Cantabria, dejó que la Empresa de Residuos, antecedente de MARE, quebrará por perdonar el canon de saneamiento a los Ayuntamientos gobernados por el PP, incluido el de Santander. En la situación actual de las arcas municipales el aumento de la tasa por el saneamiento repercutirá directamente en los vecinos, que van a ser los paganos de la nueva medida impositiva aprobada por el Gobierno Diego. En resumen: pagarán más los que menos tienen y los que mueven fortunas personales superiores a los 350.000 euros se van de rositas.
Ninguna de las medidas adoptadas ayer por el Gobierno del PP va en la dirección de crear empleo y si provocarán más parados. Pagan los platos rotos las clases medias y los trabajadores, se limitan libertades -el cierre del Consejo Económico Social, del de la Mujer y el de la Juventud no son cuestión de ahorro, sino de inquina política-, se acomodan legislaciones para intentar perpetuarse en el poder -reducción del número de diputados en el Parlamento regional- y se ata de pies y manos a los sindicatos. No se con que cara -lo hará porque de eso le sobra- va el presidente Diego a convocar a los agentes sociales para ofrecerles un plan de Empleo de tres millones de euros, cuando acaba de meterles la mano en el bolsillo y robarles la cartera.
Cantabria lleva siete meses de desgobierno que se han traducido en un empeoramiento de todos lo indicadores económicos, empezando por el del empleo, con casi 52.000 parados ya contabilizados, 10.000 más que cuando el PP llegó al Gobierno. Siete meses de anuncios y ninguna realidad. Siete meses escondiendo o negando las medidas impopulares para que no afectasen a intereses electoralistas y partidistas. Siete meses responsabilizando a una genérica herencia de todos los males, así como de la inacción de un Gobierno a todas luces incompetente. Siete meses en que la única ley llevada al Parlamento y aprobada con su mayoría absoluta fue la de los Presupuestos de Cantabria, que ayer tiró a la papelera sin inmutarse el presidente Diego con el silencio cómplice de la consejera Mazas que los elaboró y presentó. Siete meses para declarar que el Titanic (Cantabria) se hunde -hace cuatro años que Diego viene repitiendo lo mismo- y anunciar que no hay prioridad para que la mujeres y los niños, los trabajadores, los parados, los autónomos y pequeños empresarios se ponga a salvo los primeros. El capitán (Diego) no está preparando una evacuación organizada, sino que, piqueta en mano, dedica todos sus esfuerzos a agrandar el boquete que en el casco del buque hizo el iceberg (la crisis). Todo para ver si nos hundimos primero y así poder cargar una nueva culpa sobre el pasado.