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¿Estamos mejor o peor que hace un año?
| Fecha de publicación: 23/04/2012
Victor Gijón
Victor Gijónroman alonso
Víctor GIJÓN
 
Falta un mes justo para que se cumpla un año de las elecciones autonómicas y municipales. Las ganó, por un margen escaso pero suficiente para gobernar con mayoría absoluta, un partido, el PP, que compareció ante los cántabros con una afirmación y una promesa. La afirmación, debemos suponer que basada en un arduo trabajo de estudio y documentación previa, de que Cantabria estaba hundida y en el caos más absoluto. ¿La promesa? Que en 100 días enderezarían el rumbo y Cantabria renacería de su cenizas. Juzguen ustedes si lo ha conseguido y hoy estamos mejor o peor que hace un año.

A los políticos no les pagamos el sueldo ni para que nos cuenten como están las cosas, ni para que pongan excusas a la hora de tomar decisiones. El sueldo de un gobernante se lo gana, parece una obviedad, gobernando. Y un año es tiempo más que suficiente para fijar los cimientos sobre los que levantar un proyecto de futuro. Sin embargo, si lo que se presenta ante la ciudadanía día tras día es un revisión del pasado, una justificación para no tomar decisiones, evidenciando una absoluta falta de ideas y proyectos de futuro, es que algo falla. En definitiva, es que alguien no está haciendo su trabajo.

Imagino que muchos cántabros compartirán mi perplejidad ante una situación en que el Gobierno hace oposición a la oposición y a está se la niega el derecho a llevar a cabo su labor de control del Legislativo. Si diéramos por válida la premisa popular -que es mucho dar- de que las elecciones reflejan con exactitud la valoración ciudadana sobre lo hecho o no hecho por Gobierno y oposición, el presidente Diego debería ser consecuente y asumir que el resultado del 22M dejó claro lo que una mayoría del electorado pensaba sobre el anterior Gobierno. Es más, Diego no se cansa de repetir, probablemente para creerse que ganó unas elecciones que nunca pensó ganar, que los cántabros decidieron, no se hasta que punto creyéndose lo que prometía el PP o por desafección a los que gobernaban, que PSOE y el PRC fueron desautorizados para ser Gobierno. Peor por mismo están habilitados para ejercer de oposición, algo que el presidente regional le niega.

Va para un año que, abiertas las urnas y visto el resultado, debería haberse producido el cambio de papeles, no el legal o formal, sino el real. Y lo debería haber hecho de forma automática. Los cien días de rigor son para que los que entran se pongan al día, tome posesión del puente de mando, evalúen la situación y empiecen a gobernar. Esos cien día son trasunto de una cortesía parlamentaria no escrita que la oposición otorga al Gobierno. La duración, en todo caso, no exime del análisis de ese período una vez transcurrido, sobre todo si por la prepotencia, la chulería o la inconsciencia de algunos -pongamos que hablo del PP cántabro- se haya prometido que en esos 100 días se llevarán a cabo acciones de Gobierno que harían palidecer de envidia a Hércules con sus torres.

Lo que no resulta de recibo es que un año después de celebrados lo comicios, transcurrido no 100 sino casi 365 días, tres veces y media más del tiempo que el PP de Diego se dio para cambiar Cantabria, ni se hayan adoptado ninguna de las medidas prometidos y se haya utilizado el tiempo para desmontar el pasado. Ocupados en tales menesteres de dinamiteros es lógica que no hayan tenido tiempo de tomar posesión de la torre de control y adoptar decisiones. La única defensa que PP cántabro puede aducir es que tampoco el Gobierno de España parece muy centrado en la tarea. Es cierto que en la últimas semanas el Ejecutivo de Rajoy parece un banda de pollos descabezados, corriendo hacia ningún sitio, tomando una medida hoy y mañana la contraria. Pero lo suyo –lo de Diego y el PP de Cantabria. es anterior. El ejecutivo regional ya andaban de la ceca a la meca, prometiendo todos los días cosas diferentes, pero no haciendo ninguna en tiempo y forma. Y ello muchos mese antes de que sus hermanos mayores tomaran las riendas del Gobierno de España.

La herencia recibida no justifica no saber hacia donde se camina. Se podrá recorrer el camino con la mochila llena o vacía, pero los ciudadano tienen derecho a saber hacia dónde quiere ir su Gobierno, el de Cantabria, además de escucharle la cantinela de hacia donde no quieren ir y que las decisiones que toman, pocas pero todas de trascendencia negativa par el conjunto de la región y sus habitantes, no las adoptarían por ellos si no que son a causa de la herencia recibida. Se lo dijo en el ultimo pleno el diputado socialista Miguel Ángel Palacio: a nadie se le obliga a aceptar una herencia. Si no les gustan lo que han recibido, y se siente incapaces o a disgusto, que dejen a otros que hagan el trabajo.

En la democracia parlamentaria el debate y la discrepancia son síntomas del buen funcionamiento de las instituciones. Si no hay debate, sin controversia, la democracia es una palabra sin contenido. Pero hay una premisa absolutamente necesaria para que todo funciones. Y es que el debate se asiente sobre temas de interés general y no gire en torno al sexo de los ángeles. Si no hay tema le debate deviene en escandalera, verdulería en el peor de los sentidos. Algunos representantes del PP, diputados y miembros del Gobierno, han decido convertir el Parlamento regional en una especia de estercolero donde, lunes tras lunes, depositan la basura que a lo largo de la semana han ido reuniendo, no importa cómo y menos aún si responde a hachos ciertos o inventados. Si se pregunta al Gobierno qué medidas va a tomar sobre esto o aquello, la respuesta invariablemente tendrá una primera parte reprobatoria, casi amable, con pregunta a la pregunta: ¿por qué no tomaron esas medidas ustedes (referidas a la oposición) en los años que estuvieron en el Gobierno –por cierto, cuestión que también podría plantearse al PP que estuvo 20 años ininterrumpidos al frente de los destinos de la Comunidad Autónoma-. La segunda parte ya en otro asunto y suele incluir dentellada a la yugular. El Gobierno Diego suele utilizar el último tuno, el que cierra los debates, para sacar viejas historias, vena a no a cuento, sean ciertas o manipuladas, con las que extender un manto de sospecha generalizada sobre el Gobierno anterior.

Esta forma de proceder, que no es casual, sino que indica la existencia de una estrategia perfectamente definida, ha convertido las sesiones del Parlamento en una jaula de grillos sin sentido y con carencia absoluta de sentido para la mayoría de los ciudadanos que asisten estupefactos a rifirrafes sobre cuestiones a años luz de sus problemas y preocupaciones cotidianas. Espero que no forme parte de un plan para acentuar el desapego crítico de una parte de la ciudadanía hacia las instituciones democráticas representativas. Creo que los cántabros deben exigir un Gobierno que gobierne y una oposición que ejerza el control de ese Gobierno. Este no tiene por qué albergar temor alguno a que la oposición juegue su papel, ni la oposición olvidar que quien tiene la mayoría es el que propone y al final decide. Con una limitación no legal pero ética: que lo que proponga y apruebe no vaya en contra de aquello que prometió en las elecciones y para lo que fue votado. En ese supuesto la crítica esta legitimada e incluso la rebelión cívica.

No se pude hacer lo contrario de lo prometido. Menos aún intentar disfrazar el incumplimiento de promesas electoral mediante burdas manipulaciones y utilización desvergonzada del lenguaje. Eso en una situación normal sería impensable, pero está sucediendo, lo estamos viendo en estos tiempos que no son precisamente normales. España y Cantabria, también Europa o Estados Unidos, atraviesan por momentos complicado. Son situaciones en las que se mide más rápida y certeramente la categoría de los líderes políticos a los que toca lidiar con la situación. Y donde quedan en evidencia en un plis-plas las carencias e incompetencias. En Cantabria necesitamos con urgencia que el Gobierno gobierne y tire de un vez por todas a la basura el retrovisor. La oposición, por su parre, debería abandonar esa estrategia de exigir al PP que cumpla sus promesas electorales, entre otras razones porque es mejor que no lo hagan en el interés de Cantabria. Critíqueseles por no haber dicho la verdad a los electores, pero no les instemos a aplicar medidas, las pocas concretas que presentaron, que están en las antípodas de los que la oposición defiende.

Si los políticos, todos, ya estén en el Gobierno o sean oposición, salieran más a la calle y preguntaran a los ciudadanos cuáles son los problemas que deben abordarse de urgencia, creo que habría no coincidencias sino clamos popular. Los ciudadanos están preocupados, en primer lugar, por el empleo, por el aumento del paro, y por la perdida de derechos sociales que, además, se traducen en más costes para unas economías domésticas ya muy castigadas por la reducción de salarios y las subidas de impuestos. La coincidencia no será tal masiva en la soluciones, pero si en dos ideas generales: que para salir de la crisis hay que hacer sacrificios, pero que estos están mal repartidos por los Gobiernos de la derecha.

A veces el sentido común, el más escaso de los sentidos, si se deja que fluya libremente no puede dar alguna positiva sorpresa. Son mayoría los ciudadanos convencidos de que de la crisis o salimos entre todos o se rompe la baraja. No sé a estas alturas de que sirve debatir quien tuvo más culpa de la caída del Imperio Romano, si los bárbaros o los propios romanos. O si la Armada Invencible fue vencida por los elementos o ya salió ‘hundida’ de la España gobernada por Felipe II. Pero si les aseguro que son hitos que a estas alturas tienen la misma relevancia e importancia que debatir sobre quién, cómo, cuándo y dónde comenzó a gestarse la crisis. Es más, lo sabemos, los culpables están identificados y, aunque duela reconocerlo, indultados y llamados de nuevo a dirigir los destinos del mundo.

PD.
Me gustaría creer que de la entrevista que esta semana celebrarán el presidente Diego y la nueva líder de los socialistas cántabros, Eva Díaz Tezanos, salga algún destello de sentido común. Por ejemplo la necesidad de aunar fuerzas para sacar a Cantabria de la crisis. Mirando al futuro con realismo, sin dramatismos escénicos para la galería. Es una excelente ocasión para ofrecer a la sociedad cántabra un mensaje de que los dos grandes partidos del arco parlamentario español pueden alcanzar soluciones equitativas, realistas y que no hipotequen nuestro futuro. Creo que la entrevista, solicitada por Díaz Tezanos, es una excelente oportunidad para cambiar algunas codas. Un año después de las elecciones autonómicas y municipales ya va siendo hora de aparcar viejas rencillas y mirar hacia adelante. Porque el que no lo haga, no importa si es Gobierno o oposición, la exigencia de soluciones que es mayoritaria entre la ciudadanía se lo llevará por delante.
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