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Algo se mueve en Europa
| Fecha de publicación: 06/05/2012
Victor Gijón
Victor Gijónroman alonso
Víctor GIJÓN
 
"Necesitamos mejorar la inversión pública y usarla de forma inteligente para abrir la inversión privada". No es la cita de un peligroso socialdemócrata, ni forma parte del programa máximo de François Hollande. Tampoco la ha acuñado Rubalcaba para meterse con Rajoy. Ni se lo dijo así Eva Díaz Tezanos a Ignacio Diego en el encuentro del pasado miércoles, pero si algo muy parecido cuando le propuso poner en marcha inversiones y que paguen impuestos los más ricos, para evitar tocar el Estado de Bienestar. La frase, con la que inicio este artículo, la acaba de pronunciar el vicepresidente de la Comisión Europea (CE) y responsable de Asuntos Económicos y Monetarios, Olli Rehn. Un político finlandés que, para quien no esté al corriente de los entresijos de las instituciones europeas, que somos la mayoría, es un reputado miembro del partido liberal. Algo comienza a moverse en la Europa comunitaria

Rehn no es, por tanto, nada sospechoso, Sin embargo, el comisario europeo si que ha sufrido un cierto proceso evolutivo. De un Pacto de Estabilidad y Crecimiento, impuesto a los países en dificultades, a los señalados con el dedo acusador, caso de España, aplicado únicamente en la primera parte de la parte contratante, que diría Marx (don Groucho), hemos pasado a contemplar las dos medidas incluidas en el plan en su conjunto y no de forma separada e incluso contrapuesta.

Gracias Hollande, gracias Rubalcaba, gracias sentido común. Han tenido que pasar tres años, durante los cuales los países con un déficit elevado han sido sometidos a una brutal dieta de adelgazamiento, para que las instituciones europeas se hayan dado cuenta de que la medicina aplicada ha provocado una anorexia con peligro de muerte para el paciente. El ajuste fiscal tiene a Grecia en lo más profundo de la sima, a Portugal en el precipicio, al igual que Irlanda, y a España e Italia en caída libre, a punto de despeñarnos si no es que lo estamos ya.

El rudimentario pensamiento político de la derecha española, muy conservadora y nada liberal, inspirada por centros de estudios y análisis (la FAES) controlados por una extrema derecha que se formo intelectualmente en el pensamiento autoritario del franquismo, es difícil que entre en matices. El PP es un partido de pensamiento en ‘Nodo’, de blanco y negro, con grandes seguridades, que no quiere decir en absoluto que sean grandes verdades. Y liderado, al menos formalmente, por un personaje de cartón piedra, que ante los graves problemas de España tiene respuesta tan absolutamente clarividentes como la de que hay que hacer “las cosas bien, como Dios manda”. Con esa forma de pensar no será fácil que entienda, salvo que se lo manden imperativamente y le obliguen a adoptar las decisiones pertinentes, que no se salva a un país en crisis hundiéndole en la miseria.

La incapacidad manifiesta de Rajoy y sus recetas de maestro Ciruelo para solventar los problemas de España se ha convertido no ya en un problema sino en el problema fundamental para salir de la crisis. Mientras permanece escondido en La Moncloa, silente e incapaz de comparecer y explicar a los españoles que está pasando y que está haciendo el Gobierno, sus ministros sacan a relucir sus prejuicios ideológicos en una carrera desenfrenada para ver quien tienen un pedigrí más ultraliberal. Algunos miembros del Gabinete podrían perfectamente ser estrellas invitadas del Tea Party sin desmerecer en absoluto, tanto en el fondo como la forma, al lado de Shara Palin.

El representante en Cantabria de ese pensamiento plano, donde no caben más de dos ideas, es por derecho propio el presidente regional Diego. Aunque en este caso su escaso bagaje intelectual corre parejo a su osadía y atrevimiento. Tal vez como respuesta defensiva a un evidente complejo de inferioridad. Durante los 8 años en la oposición Diego ha incubado diversas obsesiones con respecto al pasado. Lo pretende disimular con ataques de carácter ideológico, comprensibles en el caso del PSOE, pero carente de toda lógica política, aunque si personal -no soporta a Revilla-, cuando ataca a un partido de centro-derecha, con el que gobernó en el pasado, caso el PRC. La última novedad en el capitulo de obsesiones-complejos de Diego, la escribió este sábado en el 11 Congreso. Según parece ya no le basta con diferenciarse-enfrentarse con los que están fuera de su circulo de creencias o alineamiento ideológico, sino que también necesita marcar distancias con los suyos.

Si el conflicto con Íñigo De la Serna no ha estallado con más virulencia es porque el alcalde sabe que a medio plazo tienen todas las de ganar, pero que perdería posibilidades entrando al trapo de las provocaciones del presidente Diego. Sus moderada respuesta a unos presupuestos regionales que dejaron a dos velas a Santander, sin una obra de referencia y ni siquiera mención a la Carta de Capitalidad, su gran reivindicación en la legislatura pasada, no sólo no aplacó al presidente, sino que parece haberle animado para seguir haciendo de menos al alcalde. Con el PGOU de Santander secuestrado -su aprobación le daría a De la Serna la oportunidad de hacerle un corte de mangas al presidente regional- no solo le pisa noticias, como la de instalar en el edificio del Banco de España la posible sede de un proyecto cultural vinculado a la Unesco, sino que le tiene paralizados los fondos que el Ejecutivo regional aporta para el Mundial de Vela.

Con ese bagaje intelectual de la derecha nacional y regional las esperanzas de que capten los mensajes para los nuevos tiempos que se avecinan en la política comunitaria, que es como decir, en la nuestra, no parece factible. La muy probable victoria del socialcita Hollande en las presidenciales francesas, acelerará el movimiento que ya se ha iniciado. Los dirigentes de media Europa -la otra media, incluida España, espera a lo que diga Alemania- ha descubierto que además de estabilidad en sus cuenta los pises europeos necesitan crecimiento económico y crear empleo. El ajuste, el recorte sin otro horizonte que el recorte mismo, provoca recesión y crea paro. Y a más recesión y paro, menos ingresos y, por tanto, más deuda, con lo que lo comido por los servido, que diría un castizo.

La Europa de los mercaderes, y perdone la utilización de un termino muy izquierdoso, pero no encuentro otro más adecuado, no ha creído oportuno, al menso hasta ahora, considerar la variable de quienes padecen la crisis. Pasado el primer momento de confusión, conscientes, porque lo hecho cantan y no se podía negar la evidencia, de que había sido el desarrollo de un capitalismo salvaje y desregulado el que había provocado la crisis económica, comenzaron a tomar algunas importantes decisiones. A los responsables les despacharon con un cachete casi cariñoso y a todos los demás, a los que nada tenían que ver con el origen del descalabro, les colocaron grilletes.

La crisis no la están pagando los mercados, ni las instituciones financieras, ni los poseedores de grandes fortunas amasadas con la especulación y la ambición desmedida del beneficio, La factura del derroche se la han pasado al cobro al ciudadano medio, a los trabajadores, clases medias y pequeños empresarios. La economía productiva, en claro retroceso porque era más rentaba invertir en bolsa o especular con el ladrillo, se ha quedado sin financiación. Y con problemático futuro, puesto que la crisis obliga a prescindir de mano de obra cualificado y a suspender los proyectos de investigación, innovación y desarrollo.

Los especuladores siguen, sin embargo, haciendo negocio, y los bancos, aunque y no presentan cifras de mareo en sus balances, siguen teniendo beneficios. Es obsceno que la banco gane, mientras no presta a empresas ni a particulares, mientras crece el ejercito de parados. Probablemente los conservadores han detectado el peligro de no atajar una situación en la que, como escribiera Marx (don Carlos) hace dos siglos, muchos no tienen otra cosa que perder las cadenas que les unen a hipotecas que no pueden pagar, a una sanidad privada que no se pueden costear, tampoco la educación de los hijo, y todo ello con un puesto de trabajo en precario el que o tenga, con el salario reducido y a la intemperie laboral tras los cambios en las reglas del juego de la negociación colectiva, que hace que el empresario -sobre todo el mal empresario- tenga todo el poder frente al trabajador.

Tal vez la percepción de que no se puede conducir a miles y miles de ciudadano hacia el abismo sin que alguien se revuelva. Que no es posible esa nueva versión del cuento del flautista de Hamelín, donde la derecha, ofreciendo la música acariciadora de alegres programas electorales que sólo descubren su verdadera naturaleza después de haber sido votados, nos invitan a que la sigamos hacia el precipicio. En Europa son ya mucho los que creen que ha llegado el momento de cambiar de juego para que el partido se pueda seguir jugando. Más estados quebrados, como Grecia, Portugal e Irlanda, o a punto de hacerlo, como España e Italia, representa que más de la mitad del mercado europeo, e el que, por ejemplo, Alemania coloca un 60% de exportaciones, no estaría en condiciones de comprar nada. ¿Se puede matar a la gallina, aunque ya no de huevos de oro?

Así que mitad por su rearme ideológico y electoral, mitad por razones practicas, el pensamiento socialdemócrata, abanderado por Hollande, que inspiró el programa electoral de Rubalcaba -aunque no fueron muchos, dentro y fuera de España, los que prestaron atención- recupera fuerza y va a terminar imponiéndose. Y la derecha inteligente intentará hacerlo propio para poder reconducirlo y llevar el agua a su molino. La cerril y mezquina, pongamos que hablo de España y Cantabria, ni se enterara.

Es lo que va a ocurrir en las próximas semanas y meses. Pero me temo que aquí llegaremos tarde. Y cuando cambien no dirán que lo han hecho sino que están donde siempre, que nunca se movieron. Claro que viendo a Rajoy no es difícil llegar a pensar que en vez de un presidente del Gobierno tenemos una esfinge. Y no solo porque no se mueva, sino por lo que representaba en la mitología griega (demonio de destrucción y mala suerte, que se representaba con rostro de mujer, cuerpo de león y alas de ave).
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