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De Bankia a GFB
Vuelvo hoy sobre las dos varas de medir con las que acostumbra a actuar el PP. La investigación de la ‘verdad’ no es termino absoluto en el ideario ‘popular’, sino un fin total y absolutamente relativo. Y la transparencia de obligado cumplimiento para los demás, pero no aplicable en casa. De los avatares de GFB, un proyecto empresarial fallido, que contó con participación pública, y que dio lugar a un quebranto económico importante, lo sabemos todo, incluso lo que es mentira gracias a la encomiable labor del PP. Una perdida relativa –la fabrica ahí está, a punto de comenzar a funcionar - comparada con los 20.000 millones que necesita Bankia para no quebrar. Pero sobre por qué el banco gestionado por prohombres del PP está donde está y nos va a costar a todos los españoles lo que nos va a costar –entre 20.000 y 25.000 millones de euros- los populares no quieren investigación parlamentaria alguna.

La Comisión de Investigación Parlamentaria de GFB, impulsada por el PP, tuvo el apoyo de la oposición socialista y regionalista, aun a sabiendas de que lo de menos era saber por qué se habían producido los hechos, sino juzgar y condenar mediáticamente el Gobierno anterior. El proyecto empresarial, con aportación privada, fue un fiasco principalmente por la incapacidad de los empresarios privados para cumplir con su compromisos societarios. La crisis inmobiliaria dio la puntilla al proyecto, auque, afortunadamente no todo se perdió. Quedaron unas instalaciones perfectamente montadas que, según los interventores judiciales de la quiebra, era las mejores de Europa de su clase y que ahora tienen dueño, la alemana Fermacell, que sobre la base de lo que dejó el anterior Gobierno podrá crear riqueza y empleo en Cantabria a corto plazo. No todo se perdió en Cuba, más allá de la dignidad de algunos diputados del PP comportándose indignamente en la comisión, dando pábulo a personajes mediocres y taimados, capaces de crear fantasiosas historias a cambio de un puesto de trabajo o un favor político. Ya les contaré los detalles otro día.

El Gobierno PSOE-PRC si es culpable de una cosa: haber aceptado la herencia que le dejó el Ejecutivo del PP presidio por Martínez Sieso y confiar en los empresarios costarricenses que llegaron a Cantabria de la mano de los amigos del dirigente popular Francisco Rodríguez Argüeso. Vinieron para invertir desde chatarra a navieras, pasando por el fibroyeso y hasta por una televisión local en Torrelavega. Los ‘ticas’ venían con la compañía de Leandro Sáinz de la Riva, amigo, otros dicen que también socio, pero no está probado, del actual consejero de Obras Públicas del Gobierno de Cantabria, el citado Rodríguez Argüeso. Que la vieja relación personal, empresarial o política estaba amortizada quedó clara cuando Sáinz de la Riva, en lugar de apuntalar las acusaciones del PP, compareció en comisión y defendió la viabilidad de GFB, reduciendo a una tercera parte los 60 millones que, según María Antonia Cortabitarte y su mariachi Carlos Bedia, los dos diputados del PP que llevaron la voz -que digo la voz, el grito- en la comisión-, se había perdido en la operación. Dijo también Sáinz de la Riva que era posible reflotar una empresa que estaba a la altura de las mejores y es lo que finalmente ha pasado. Hoy Diego la visita, después de no haber hecho nada para su salvación, y seguro que se sacará la foto con los nuevos propietarios, la multinacional alemana Fermacell. La vergüenza torera no cotiza en la política de Cantabria.

La foto que no quiere el PP es la de Rato en el Congreso de los Diputados. Por eso se resiste a crear una comisión de investigación que averigüe como es posible que se necesite meter 20.000 millones de euros, el doble del recorte hecho en sanidad y educación, para salvar Bankia. No dudo, porque asó lo afirman los expertos, que sería peor el remedio -dejar que el banco quiebre- que la enfermedad -poner dinero público-. Desde mi ignorancia de los asuntos bancarios creo, no obstante, que más barato saldría cubrir los saldos de todos los clientes. Los directivos de la entidad, los accionistas que creyeron a Rato y pensaron en hacer negocio comprando acciones del nuevo banco, que apechuguen con sus perdidas. Y los altos cargos que se fueron con indemnizaciones millonarias que devuelvan el dinero.

No hay ninguna garantía de que un banco público sirva al público. Las Cajas tenía un función muy parecida y ya vemos a quienes ha servido. Porque el agujero de Bankia no es de hoy sino de ayer y de antes de ayer. De cuando existían por separado Caja Madrid, presidida por al amigo de Aznar, Miguel Blesa, y Bancaja, donde el PP valenciano coloco a Olivas, un efímero ex presidente de la comunidad, que hizo de puente entre Eduardo, ‘Edy’, Zaplana y Paco Camps. De los polvos de préstamos a los grandes del ladrillo y a empresarios modelo como Díaz Ferrán vienen los lodos del agujero de Bankia, cuando todavía se llamaba Caja Madrid. De los apoyos a proyectos faraónicos políticos en Valencia, algunos de los cuales dejaron sustanciosas comisiones en los bolsillo de loas implicados en la trama corrupta de la Gürtel, parte la crisis de Bancaja.
Pues bien, de por qué se ha llegado a donde se ha llegado, de por qué los que no participaron en chanchullos, enriquecimientos dudosamente lícitos, cuando no totalmente ilícitos, ni tuvieron arte y parte en mala gestión que condujo a que tengamos que poner de los impuestos de todos 20.000 millones para salvar el culo de cuatro, es de lo que no quiere el PP que se hable en el Congreso. Hay que proteger a Rato es la consigna popular. A Rato y a quien le colocó donde estaba, el actual presidente Rajoy, que le ganó la batalla a Esperanza Aguirre, cuyo candidato era Ignacio González, el del chalé millonario de alquiler en Marbella y al que actualmente se investiga por enriquecimiento presuntamente ilícito.

La crisis de Bankia no se incumbo en el limbo. Tiene nombre y apellidos. Responsables y responsabilidades. Y ya que todos vamos a pagar por ello menos que los que provocaron el desastre paguen la pena del telediario ya que veo difícil que les podamos mandar a la cárcel.
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