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La prueba del algodón ultraliberal
El algodón no engaña. Lo pasas por el Gobierno de Diego y te sale limpio de cualquier impureza social, brillante de ultraliberalismo como la patena. Para los que son cortos de miras, o prefieren mirar hacia otro lado, un día si y otro también el PP hace los gestos necesarios para marcar el territorio. Hoy se ordena el cierre de una residencia geriátrica, ubicada por cierto en un solar que vale un Potosí, y mañana se hace la ola a una universidad privada, en realidad un chiringuito expendedor de diplomas a 5.000 euros la pieza, mientras se mete la tijera a los centros de enseñanza públicos.

Al Gobierno del PP en Cantabria, que preside ese inefable personaje que ni siquiera se considera obligado a compartir sus decisiones de ‘rey Sol’ con los suyos -ahí está el caso de la degradación, por sorpresa y sin anestesia, de Íñigo de la Serna-, se le nota una crecida ultraliberal que ríanse de Esperanza Aguirre. Precursor en la eliminación de organismos sociales de representación, como el Consejo Económico Social, el de la Mujer y el la Juventud; dinamitero de la red de protección a mujeres maltratadas; recuperador de privilegios educativos de clase vinculados a movimientos religiosos integristas -devolución del concierto educativo a Torrevelo-; clausurador de centros públicos, ya sean de enseñanza, sanitarios o de atención a ancianos o dependientes, mientras paga peajes a universidades que tienen gran predicamento en Guatemala o Costa de Marfil, o promete llenar la región de campos de golf con una banderita del Banco Santander en cada hoyo.

El ultraliberalismo es una forma de ser y estar. Una manera de afrontar la vida y de hacer política. Todo muy coherente a primera vista, pero con alguna excepción notable. Puede parecer contradictorio (lo es), ya lo he comentado, que quienes colocan en el altar de sus devociones marianas el mercado, luego quieran chupar de la teta del Estado si vienen mal dadas para su intereses. Así se explica que no se pueda gastar ni un euro más, incluso hay que recortar 10.000 millones, en Sanidad y Educación, pero no vean inconveniente en poner la misma cantidad o más para salvar a un banco, léase Bankia, que nació de la unión de dos ‘proyectos’ político-económicos controlados por el PP, Caja Madrid y la valenciana Bancaja.

Resulta llamativo que ahora los ‘populares’ echen la culpa del fiasco de Bankia al otrora alabado MAFO (Miguel Ángel Fernández Ordóñez), gobernador del Banco de España, y liberal, aunque no ultra, más que reconocido. Recuerden como se relamía de gusto Rajoy y sus mariachis cada vez que MAFO pedía un despido más libre y el recorte del estado de Bienestar.

La deriva ultraliberal de Diego y los suyos no pasa un proyecto político de futuro, que podría debatirse si es adecuado o no. Se trata de sino un proyecto de destrucción del presente y el futuro. Supongo que no por maldad, sino por incapacidad y alguna dosis de estupidez. La región se encuentra paralizada y abandonada a su suerte. Y ya se sabe que cuando algo se abandona comienza la ruina. El hundimiento de parte del Seminario Mayor de la Universidad Pontificia de Comillas es el paradigma de lo que está sucediendo en Cantabria.

Cuado no se toman medidas, las situación se envenena. Todo va a peor. Y no lo arregla el recortar por recortar el gasto público. Además, hay proyectos que se abandonan por venganza y no por necesidad u obligación. El proyecto de Comillas es un caso claro. Aún dando por cierto, que es mucho dar, que el Gobierno anterior ni priorizara adecuadamente las obras en la zona derrumbada, el Gobierno del PP ha tenido un año para enmendar la situación. Sólo cuando parte del edificio se ha venido abajo ha salido a echar la culpa a la herencia y a justificarse en que lo no tienen dinero para unas obras que el Ejecutivo PSOE-PRC dejó adjudicadas. A lo mejor el dinero que echan en falta es el que se ha apartado para pagar peaje al Opus Dei -la devolución concierto- o para financiar aventuras industriales de amigos y conocido, pongamos que hablo de los propietarios de Nestor Martin. O tal vez sea la provisión de fondos para pagar auditorías, gabinetes de abogados, indemnizaciones, etcétera, con los que llevar a cabo la ‘limpieza étnica’ en las empresas públicas de Cantabria.

Hay un dado, conocido ayer, que pone de manifiesto, aunque sea de forma indirecta, las contradicciones de un Gobierno ultraliberal que pide menos Estado y más mercado, pero que siempre tiene un puesto reservado para los suyos en el primero. Un juez, llamado a sentenciar la procedencia o no del despido de un trabajador público, al que da la razón por una cuestión de forma que no de fondo, revela en su sentencia que el despedido en cuestión fue sustituido por otros tres, sin que pudiera acreditarse fraude por no estar demostrado, según el magistrado, que fueran a hacer el mismo trabajo. En todo caso no parece razonable que a uno le tengan que sustituir por tres, salvo que el despedido sea ‘Superman’ o los tres nuevos contratados unos mantas.

Lo sustancial de esta historia es que el juez pone por escrito lo que está pasando, y todo el mundo conoce, en las empresas públicas desde que las gestiona el PP. Se despide a unos trabajadores, argumentado la mala situación económica, y por cada uno que sale se meten 2 o tres, casi siempre con niveles retributivos mayores y en cargos de dirección. Por lo que cabe deducir que no se trata de un problema de reducir las perdidas o de ahorrar. Tal vez se trate de un exitoso plan de empleo que no entiendo cómo no ha sido presentado todavía ante la opinión pública. Si no fuera porque las economía regional va mal -culpa de la herencia, jamás del Gobierno del PP- y se siguen perdiendo puestos de trabajo, con la política de empleo en las empresas públicas que lleva a cabo el Gobierno Diego, a estas alturas estaríamos en cifras positivas de creación de empleo. Ya me dirá si no cuando por cada uno despedido se contrata a tres. Plan de Empleo en 7 días.

Pero no se equivoquen y vayan a apuntarse a las oficinas del paro. Donde deben inscribirse es en la sede del PP. Pidan el carné del partido y esperen que les den un puesto de trabajo. El que después de tantas facilidades siga en el paro es porque quiere. O porque no quiere militar en el PP. Pero entonces que no se queje, porque, ya lo dice el refrán, sarna con gusto no pica.
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