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Lo que La Pereda nos enseña
| Fecha de publicación: 20/05/2012
Victor Gijón
Victor GijónAquí Confidencial
Víctor GIJÓN
 
Es un hecho que mirar las cosas de cerca permite observar detalles que en una panorámica general son imposibles de detectar o te pasan desapercibidos. Ocurre igual en la política. Es más fácil saber por dónde va un Gobierno, qué es lo que hace, y también lo que no hace, si se le mira-juzga por las decisiones que toma en cuestiones pequeñas o cercanas. Se puede mentir sobre 80 millones de euros, porque nadie los ha visto juntos ni imaginado, pero no sobre 400.000, que aunque tampoco es que muchos los hayan tenido en la mano si saben de su existencia y por tanto son más reales. Por eso el Gobierno Diego tiene un problema con La Pereda y no con el recorte salvaje de 237 millones de euros en la cuentas públicas, que son la suma de los 157 que declaró en el Parlamento y los 80 que pasó de matute por la aduana del control de la oposición.

Lo pequeño explica lo grande. El Gobierno del PP, presidido por Diego, se encontró con una residencia de mayores a la que solo le faltaba dos escaleras de incendios y un ascensor de camillas para cumplir todos los requisitos legales que se exigían para continuar prestando su servicio a la sociedad. En total cuatrocientos y pico mil euros. A los suspicaces les digo que las últimas obras previstas, culminación de una inversión de más de 4 millones de euros para poner la residencia en las mejores condiciones de funcionamiento, contaban con la autorización de los responsables urbanísticos del Ayuntamiento de Santander. Pedida y obtenida cuando todavía el color político de la corporación municipal y el del Gobierno no eran el mismo.

El Gobierno del PP, presidido por Diego, hizo en un primer momento lo que tenia que hacer: licitar la obra, que contaba con informes favorables, proyecto técnicos y dotación presupuestaria. Solo introdujo un cambio, ya que mientras el Gobierno saliente, el de coalición entre socialistas y regionalistas, preveía acometer las reformas en dos anualidades, el Ejecutivo del PP licitó el total de la obra. Era el 3 de agosto de 2011, un mes y poco días después de tomar posesión. Siete meses y 19 días más tarde, sin mediar explicación -bueno sí, mediando desmentidos rotundos a preguntas de la oposición socialista- el Gobierno anuló la licitación. Y menos de un mes después la noticia bomba: La Pereda se cierra porque no reúne las condiciones exigibles para su funcionamiento. Una verdad como un templo. Pero, ¿por qué no las reúne? Pues porque el Gobierno ha decidido que sea así al no ejecutar las obras que se precisaban.

No es el único caso en que se toman medidas que condicionan las siguientes actuaciones. Por ejemplo, reducir el presupuesto de empresas públicas para que entren en perdidas y poder despedir a los trabajadores a los que previamente han colocado en sus ‘listas negras’. Logrado el objetivo de librarse de empleados no deseados se volverá a inyectar dinero, y con el argumento de lo bien que funcionan y del importante papel que juegan, se harán nuevo contratos, pero, eso sí, ya con gente de probada fidelidad al ‘régimen’.

El Gobierno del PP ha intentado presentar el asunto del cierre de la Pereda en el marco de la herencia. Un argumento que sirve lo mismo para un roto que para un descosido. Pero el personal no ha tragado. Por muy mal que dejará las cosas el Gobierno anterior, por muchas deudas y charcos heredados, no puede haber un millón de euros para subvencionar las clases separadas de los alevines del Opus Dei y no 400.000 euros para asegurar 100 plazas públicas para personas mayores y un centenar de puestos de trabajo. Los que no han estudiado economía a la luz del candil liberal no pueden entender que no es un problema de medio millón de euros, sino lo que cuestan los servicios sociales bien atendidos. Cuidar a los ancianos es muy caro.

El ahorro de eliminar 100 plazas para personas mayores, ante la imposibilidad de hacer desaparecer a los ancianos, a los que se unirían 100 nóminas menos del personal, eso si que es ahorro. Aunque por razones de edad siempre hay bajas, éstas se cubren de inmediato con los nuevos miembros que llegan al estadio de la Tercera Edad. Y llegan más de los que se van. Ley de vida; de calidad de vida. Así que no hay manera de acabar con el asunto sino se corta por lo sano.

El cierre de La Pereda, como otros cierres, despidos, eliminación de contratos, aumento de alumnos en las aulas o eliminación o copago de prestaciones sanitarias, son, hay que ser obcecados para no entenderlo -lo ha dicho el presidente Diego-, formas de ahorro que garantizan que cuando pase la crisis tendemos mejores residencias de ancianos, mejores y más dotadas aulas y una sanidad que se saldrá de lo buena que será. ¿Lo firman en algún sitio? No llegan a tanto, aunque de que valdría que lo hicieran cuando el contrato con los ciudadanos, que eso es un programa electoral, le han roto y dado la vuelta como a un calcetín. Claro que, les recuerdo, no es porque ellos quieran. ¡Quia! Si incumplen el programa electoral, si hacen todo lo contrario de lo que prometieron, es debido a la herencia recibida. ¿La de Cantabria?, ¿o será la de Madrid y Valencia?

Respóndanse ustedes mismos que a mi me da la risa floja. Claro que este lunes, cuando leguen los inspectores de la Unión Europea para averiguar por qué el Gobierno que presume de decir la verdad aunque duela mintió a Bruselas sobre el déficit. En Europa ya tenían descontado que había sido Zapatero el mentiroso, pero nos saben quienes son Aguirre y Camps, tal alabados por Rajoy, Montoro y De Guindos, que, al parecer, engañaban a sus amigos y metían las facturas no ya en cajones sino debajo la alfombra. Pero la culpa, ojo al dato que ofrece Esteban González Pons, frustrado ministro por no decirle no a Urdangarin, no es de los dirigentes del PP, que va, sino del Gobierno del PSOE. ¿Qué por qué? Por no haber vigilado a las comunidades autónomas. ¿Recuerdan lo que decían desde el PP cada vez que se pedían explicaciones a Aguirre o Camps? Bueno es el pasado y del pasado sólo está permitido hablar si es para hacerlo mal de los socialistas.

El PP de Cantabria se declaró irresponsable desde el minuto cero de su llegada al poder y el PP en España va por el mismo camino. Aunque haya que desdecirse cada mañana. Las cañas, las alabanzas a MAFO (Miguel Ángel Fernández Ordóñez), el todopoderoso Gobernador del Banco de España, por su insistencia en recomendar el abaratamiento del despido, se han vuelto lanzas para intentar exonerar a Rato y Olivas, ambos dirigentes populares, de toda responsabilidad en el gran fiasco de Bankia. Debía haber estado más atento y vigilar más, dicen. Y tienen razón. El Banco de España, con MAFO a la cabeza, se dedicó a, perdonen la expresión, tocarles los cataplines a los sindicatos y metiéndose a dar consejos de comos salir de la crisis. Y mientras perdía el tiempo recomendando a los demás lo que tenían que hacer, no cumplía con la tarea que tenía encomendada y se le colaban por detrás y por delante banqueros y chorizos de guante blanco. Si yo fuera Rajoy a MAFO le sustituía por Rato, por justicia divina y porque mejor darle de una vez la llave de todos los bancos que de una en una.

Pero sigamos con lo pequeño. La capacidad de un Gobierno no se mide por los InverCantabria que ha montado una agencia de publicidad para que Diego se luzca. Que luego no lo aproveche y la fastidie no es responsabilidad de los buenos profesionales que le ponen la pista y los leones amaestrados para que de espectáculo. La capacidad de un Gobierno se mide por las acciones más pequeñas y cercanas. Y por las opciones que toma. Así el Gobierno de Cantabria se descubre en sus objetivos cuando en lugar de apoyar a la Universidad de Cantabria decide presentar a bombo y platillo a una supuesta universidad privada donde se pueden comprar títulos a 5.000 euros el primer plazo.

O cuando en lugar de racionalizar e plantear medidas incentivadoras para el funcionamiento del pequeño comercio y la hostelería, opta por organizar y pagar el subempleo en dichos sectores de actividad. Me pongo en la piel de una comerciante al que le ponen a su disposición, gratis total, un trabajador para abrir la tarde de los sábados. ¿Cuanto tiempo pasará antes de que se de cuenta de que el experimento le cuesta dinero? Porque lo que necesita el comercio, y la hostería también, es incentivar el consumo, y para ello empleo y crecimiento son las únicas recetas válidas conocidas, lo diga Hollande o el tendero de la esquina.

Pero el Gobierno Diego sólo piensa en recortar y recortar Estado de Bienestar, eso si negando que haga lo que hace y que todo el mundo sabe que está haciendo. Así que el ciudadano sale a la calle con el desconcierto puesto. Con menos dinero en el bolsillo, porque le han bajado el sueldo y subido los impuestos; pagando más por la educación; con padre, madre, abuelo o abuela en casa, porque no hay plazas en las residencias públicas y la pensión no da para una privada; y ahorrando para esa pequeña intervención quirúrgica en una clínica privada, porque en los hospitales públicos, las listas de espera sigue siendo kilométricas. Y es que los millones para reducirlas los perdió, en el viaje entre Santander y Madrid, la consejera Buruaga.

Como no se están haciendo obras, tampoco hay trabajo, y el subsidio del paro se acaba. Pero los sábados por la tarde podremos pasear por el centro de Santander y Torrelavega mirando escaparates. Y este verano en las ferias del pincho podremos colocar al chaval o a la chavala de becario de camarero, sin cobrar pero aprendiendo un oficio de mucho fututo si acabamos de construir teleféricos, campos de golf y hoteles varios. Por ejemplo, el que los amigos del presidente Diego tienen pensado para en cuanto quede libre el solar de la Residencia de mayores de La Pereda. ¿Firmará el alcalde de Santander, Íñigo de la Serna, la modificación del Plan General de Ordenación Urbana para que dicho solar, destinado a dotaciones asistenciales, pase a ser residencial? La respuesta está en el viento (que diría Bob Dylan).
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