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A Diego y Rajoy les vale pulpo como animal de compañía
Puesto a aceptar, aceptemos pulpo como animal de compañía. El rescate no es rescate sino financiación en condiciones espectacularmente buenas lograda por la decidida acción de un presidente del Gobierno con tal capacidad de trabajo que es capaz de salvar a España entre un partido de futbol y ver ganar a Nadal en París. El único problema de Rajoy es que los mercados no le creen nada y los españoles menos. Pero eso se puede arreglar si todos los militantes se quitan los complejos y mienten sin ponerse colorados como nuestro presidente Diego, que si es necesario se remonta a Viriato para quitarse de encima sus responsabilidades.

Si ayer dábamos un somero repaso a las mentiras más groseras con las que el presidente del Gobierno de España intentó convencernos de que el rescate de España era la hazaña de un renovado Cid Campeador, que, como cantaba Manolo Escobar, no estaba muerto [Rajoy], que estaba de parranda [en Polonia], hoy es obligado ocuparme de otras mentiras, las locales, con las que el PP de Diego nos viene ilustrando desde hace un año. Hay que reconocer que por lo general bordan el argumentario de la herencia recibida, pero ayer el histriónico Eduardo Van den Eynde rizó el rizo. Una lástima que el presidente Diego prefiriera, como en el 90% del tiempo que duran los plenos, hacer pasillos en lugar de ocupar el escaño y escuchar a su conmilitón. Si hay medallas para la mejor faena parlamentaria no hay duda de que el diputado “macarra” –se lo llama él, no lo digo yo- se llevaría el primer premio. Eso sí en dura pugna con Eduardo Arasti y Leticia Diaz, consejeros de Industria y Presidencia, respectivamente, cada día más sueltos en los insultos y descalificaciones.

Miguel Ángel Serna, titular de Educación y Cultura, deberá esperar al año que viene. Ha entrado tarde en la pugna aunque ayer estuvo soberbio cuando tradujo el rechazo cuasi unánime a que una empresa vinculada al Opus Dei, organización religiosa a la que pertenece el consejero, realizará una prueba externa a los alumnos en un aplauso generalizado. Es mentira, pero tiene su lógica. Serna considera que la Plataforma en Defensa de la Educación Pública, formada por la mayoría de los sindicatos y asociaciones de padres de alumnos, es el mayo enemigo de la enseñanza pública y él, artífice de la devolución del concierto al colegio del Opus es el mayor defensor de lo público. (Aviso a navegantes: En el Opus Dei mentir, si es por una buen causa, está permitido). Por cierto a destacar, también, en el apartado interpretativo, lo dicho por la consejera Díaz, para la que los bomberos nunca han estado tan contentos y tan bien tratados como ahora. ¿Tiemblo sólo de pensar que entiende la consejera por tratar mal?

El PP pedía ayer en el Parlamento el apoyo de toda la cámara para exigir a Rajoy que cumpla lo comprometido con Valdecilla. No se expresaba así, pero era el fondo de la iniciativa parlamentarias de los populares y el fondo y la forma de las presentadas por regionalistas y socialistas. Que se pida lo que hace dos meses se dijo que ya se había conseguido no deja se ser sorprendente, pero que además se solicite el apoyo de aquellos a los que previamente se vapulea, no parece muy presentable. Para el portavoz popular sí. Lo dejó bien claro: no esperan cariños, que no se los merecen; si quieren a Cantabria voten nuestra propuesta y si no que les den. En la mentalidad del PP es frecuente confundir el todo con la parte, el rábano con las hojas, Cantabria con su predio particular. El hecho cierto es que desde hace un año el PP venía asegurando que el problema del sobrecoste de Valdecilla, o mejor dicho la insuficiencia financiera creada por un convenio cicatero y chapucero firmado por los gobierno del PP de Cantabria y España, se arreglaría ‘ipso facto’ en cuando Rajoy estuviera en La Moncloa. Y, sin embargo, la llegada del presidente del PP a la jefatura del Gobierno ha coincidido con la paralización de las obras del Hospital y la primera constatación por escrito de que el Gobierno de España se llama andana sobre el futuro de Valdecilla.

Diego-Corocota, a falta de romanos a los que atacar, anunció que se levantaba en armas contra el ‘emperador’ Rajoy. Pero en lugar de mandarle los padrinos, llamarle por teléfono o mandarle una postal pidiéndole una aclaración, decidió redactar una declaración institucional. Papeles, que comprometen menos, en lugar de gobernar la región con la autoridad moral y política que le da hablar en nombre de Cantabria, y negociar y presionar. Pero por Valdecilla lo que fuera. Buruaga salió unos días después negando la mayor, asegurando que la respuesta dada a la diputada del PSOE Puerto Gallego, que dejó claro que el Gobierno de España del PP se llamaba andana con respecto a Valdecilla, era obra de un funcionario torpe. No obstante, el PP de Cantabria siguió adelante, buscando apoyos para su declaración institucional. Rafael de la Sierra calificó tal actitud de coartada para esconder la incapacidad de Diego para negociar con Madrid. Lola Gorostiaga fue más directa y le espetó al presidente y el PP que con la petición de apoyo venía a reconocer el ninguneo de que eran objeto por parte de su propio partido en Madrid.

Que Valdecilla se termine o no no depende de si socialistas o regionalistas deben ser fusilados al amanecer por sus supuestos errores. Por cierto que el bucle de memoria que el PP nos presenta pasa por hacer tabla rasa de todo lo ocurrido antes de los 8 años de Gobierno socialista-regionalista. Antes de esas dos legislaturas para el PP no hubo nada. Pero el convenio para las obras de Valdecilla de firmó en 2002, un Gobierno del PP lo aplicó en 2003, y a partir de ese año lo hizo el ejecutivo PRC-PSOE. Entre 2004 hasta 2007, año en que finalizó la vigencia del citado convenio, el Gobierno de Zapatero pagó religiosamente las anualidades. La socialista Gorostiaga recordó como el Gobierno del PSOE cumplió con las aportaciones previstas en un convenio heredado. Y lo contrapuso a la decisión del Gobierno de Rajoy que una de sus primeras decisiones con respecto a Cantabria es incumplir el convenio de Comillas que firmó el anterior Ejecutivo. La diferente forma de actuar no es asunto baladí.

Pero al PP sus evidentes contradicciones no les apartan ni un milímetro de su camino. En 2003, cuando los ‘populares’ cántabros perdieron el poder, anunciaron el hundimiento de Cantabria. Y hundida y requetehundida siguió durante los 8 años del bipartido. Inclusa cuando, como en 2007, cuatro años después de que los populares se quedaran fuera del Gobierno de Cantabria por primera vez en 20 años, el nivel de paro en la Comunidad Autónoma era el equivalente al pleno empleo técnico, por debajo del 5%. El discurso del caos de Cantabria, de la región sin rumbo, quebrada por sociatas y revillistas, no es, por tanto, discurso de antes de ayer, sino que arranca mucho más lejos en el tiempo. La crisis económica y su efectos sobre Cantabria les aportó, eso sí, más munición y potencia de fuego, pero nunca habían dejado de disparar.

No perderé ni un minuto más en escribir de la herencia que, como todas, tiene sus luces y sus sombras. Tanto la que dejó el bipartido, como la que éste heredó del PP. Que los populares se nieguen a mirar mas allá de las dos últimas legislaturas, no hace desaparecer como por ensalmo la época en que Cantabria debía a los bancos tres veces su presupuesto o que el Gobierno, con presidente incluido, se sentaba por la mañana en el Consejo de Gobierno y por la tarde en el banquillo de lo acusados. Fueron gobiernos del PP y algunos de su integrantes siguen siendo a día de hoy relevantes dirigentes del partido.

Pero los problemas de los ciudadanos no se arreglan echando la vista atrás cuatro, ocho o 16 años. Los ciudadanos han votado al PP para arreglar los problemas. ¿Y que se les ofrece? Disculpas y excusas. Y actuaciones, que justificándose por la herencia, van en contra de todo lo que prometieron en la campaña electoral. Cambios de programa electoral y promesas que podrían disculparse si la región fuera a mejor, pero no hay un sólo dato -salvo la propaganda de fin de semana de Arasti que luego desmienten los empresarios, los hechos y las estadísticas- positivo que nos alegre la vida. Y el paro, la principal preocupación de los ciudadanos, creciendo y creciendo mientras que el Gobierno mira para otro lado y echa la culpa a los demás. La última excusa es que son los sindicatos quines no quieren firmar el Plan de Empleo. Pero el Gobierno y el PP no nos explican por qué.
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