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De maestro Ciruela a Rajoy Gump
| Fecha de publicación: 08/07/2012
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Víctor GIJÓN
 
El país está que arde, el Ibex por los suelos y la prima de riesgo por las nubes. Pero no hay razón para preocuparse. El presidente del Gobierno sabe lo que hay que hacer y lo va a hacer; aunque duela y no le guste. a nadie: tampoco a él. En la oposición Rajoy parecía el doble del maestro Ciruela, pero en el Gobierno cada día nos recuerda más a Forrest Gump. Rajoy Gump le ha cogido el gusto a las frases redondas, que no dicen nada diciéndolo todo. “Haré todo lo posible para que Europa haga todo lo posible para que entre todos se pueda superar la crisis económica”. Es su última gran frase. En dos palabras: in-ne-na-rra-ble.

Reconozco que, puestos a elegir, prefería al Rajoy que bordaba el papel de Maestro Ciruela. No era el único convencido de que no estábamos en presencia de un líder políticos que no tuviera conocimientos suficientes, o quizá ninguno, sobre las materias en torno a las que peroraba e impartía consejos. Creí. y creíamos, seguro, que se trataba de una cuidada estrategia de disimulo para no dar pistas sobre sus verdaderas cualidades -los pérfidos socialista decían que era porque si desvelaba el plan B no le votaban ni los ‘suyos’-, aquellas que saldrían a relucir en el mismo momento en que llegara a La Moncloa. Que podía dar lecciones de cómo salir de la crisis, que tenía las soluciones, e incluso que era verdad que todo se reducía a una cuestión de confianza, algo que él desprendía a raudales. Con la confianza en ristre, cual Quijote arremetiendo contra molinos de viento, visitaría Europa, la Alemania de Merkel primero, y regresaría con la crisis económica doblega rendida ante su galana figura de registrador de la propiedad en excedencia.

Rajoy-Ciruela se nos prestaba como el bálsamo de Fierabrás capaz de acabar con todos los males. Así lo fue vendiendo de feria en feria (léase mitin) y los españoles compraron masivamente su elixir milagroso sin preguntase si contenía agua del Carmen o pis de gato. Había un lema del mayo francés, irónico como todos, que invitaba a considerar la mierda como un comestible más. “Millones de moscas no pueden estar equivocadas, como mierda”. Las paredes de la Sorbona, ya se sabe, los aguantaban todo. Les recuerdo, por si acaso lo han olvidado, que Rajoy es presidente del Gobierno porque casi 11 millones de españoles votaron al PP. ¿Puede haber tantos españoles que se equivocaran? Pues esa es la impresión que se saca de la lectura de las encuestas siete meses después.

Es posible que la mayoría de los votantes del PP creyeran de verdad que Rajoy-Ciruela tenia poderes mágicos. Tampoco es descartable que pensaran que dado el pésimo resultado que había dado Zapatero, ¿por qué no intentar una nueva experiencia? La campaña del PP se centró en identificar crisis y Zapatero. España se desangraba, decían, no por un problema mundial y ni siquiera europeo. La crisis económica era cosa de ZP y muerto el perro se acabó al rabia. Soraya Sáenz de Santamaría, dama de hierro en la oposición, que ahora sólo sabe balbucear excusas cuando se le pregunta por la montaña rusa en que esta sumida la economía española, lo tenía claro en noviembre pasado, tras ganar las elecciones y horas antes de que fuera nombrada vicepresidenta. “La prima de riesgo se llama Zapatero”, sentenció Soraya. Calificaba así la intolerable situación de una España donde la prima de riesgo alcanzaba los 430 puntos. El viernes se cerraron los mercados con la prima en 563 puntos y subiendo. Pero ya no está Zapatero para echarle la culpa. ¿O tal vez sí?

La gran excusa, la gran mentira de Rajoy-Ciruela, no fue prometer en la campaña electoral que si llegaba a La Moncloa la crisis económica saldría corriendo como alma que lleva el diablo. La gran mentira, la excusa que todo lo justifica, llegó después de la victoria electoral. Si no funciona el ‘crecepelo’ no se debe a que el charlatán de feria no ofrezca el producto adecuado. El problema es que nadie le dijo que el país escondía una alopecia galopante y sin remedio. Rajoy prometía la solución de un problema que, de creer lo que afirma ahora, desconocía totalmente. Doble irresponsabilidad. Si no sabía lo que había debería haber sido prudente. Pero, es que, además, presumía de saber y tenía hecho ya su diagnóstico. Rajoy, como hizo Diego en Cantabria, se hartó de anunciar el hundimiento del Titanic. El ‘iceberg’ nacional se llamaba Zapatero y el regional el gobierno de coalición con Revilla y Gorostiaga al frente.

Zapatero ocultó la inmensidad de la deuda, se excuso Rajoy nada más llegar a La Moncloa. Y en ese mismos momento comenzó el cambio de personalidad dejando entrever sus primeros rasgos Gump. En Cantabria, con la experiencia de seis meses de Diego construyendo un castillo de mentiras sobre el pasado, no fue una sorpresa que Rajoy siguiera la misma senda y recurriera a la herencia para justificar lo que iba a hacer (que no había prometido) y lo que no iba hacer (que era todo lo prometido). Para vender que había sido engañado tuvo que cerrar lo ojos ante el informe de Funcas, el gabinete de estudios de la cajas, que clavó el déficit real de las cuentas públicas, un 8% un mes antes de que Rajoy lo proclamará a los cuatro vientos, logrando su primer gran ‘éxito’: acabar con la reputación estadística de España ante Europa. Rajoy también tomó otra medida, pero esta no se conocería en sus efectos, demoledores para la credibilidad de España en las instituciones europeas. El presidente del Gobierno permitió que Esperanza Aguirre y Alberto Fabra -sustituto del dimitido Francisco Camps- ocultaran el déficit real de sus respectivas comunidades autónomas.

Pero el Gump total, el Rajoy definitivamente travestido de Gump, surge en todo su esplendor cuando, en lugar de tomar las medidas necesarias para hacer frente a la difícil situación de la economía española, se dedica a justificarlo todo por la herencia recibida. Lloros y lamentaciones en público, exposición ‘calimera’ de nuestras debilidades ante los mercados, y demora en la toma de decisiones, urgente e inaplazables cuando estaba en la oposición y orilladas, en razón de intereses partidistas, desde el Gobierno, como el intento, finalmente fallido, de hacer presidente de Andalucía a Javier Arenas. Y así nos ha ido. Ni los mercados han dejado pasar la oportunidad de meternos caña, ni Europa nos tiene confianza. Rajoy Gump se agarró al salvavidas Merkel y unió nuestro destino a al de Alemania. Pero Alemania no camina en nuestra misma dirección. Es más, la cura que la canciller Merkel tiene para la economía española, es aceite de ricino.

Alemania no ayuda y Sarkozy pierde las elecciones. Rajoy Gump entra en una severa depresión que le impide tomar otras medidas que no sea recortar, recortar y recortar más. No hay ideas nuevas, ni reacciones rápidas a nuevos acontecimientos. La gestión de la crisis de Bankia, retrasando primero las soluciones para no poner colorado a su amigo Rato, y tomando decisiones erráticas y contradictorias después, poniendo en cuestión todo el sistema financiero, para intentar ocultar que la crisis bancaria española tiene nombres y apellidos muy concretos, de los que más del 90% son militantes del PP, nos mantiene al borde de la intervención. Hay quien sostiene, y con fundados razonamientos, que de hecho estamos ya intervenidos.

Y mientras tanto el presidente guarda silencio ante las instituciones. Y donde habla, ya sea en congresos del PP, reuniones internas o cónclaves de FAES, lo hace en términos ‘forresgumperos’, con obviedades y lugares comunes con los que es igualmente fácil que difícil estar de acuerdo o manifestar desacuerdo. A algunos nos gustaría que ya no que no se explica con claridad ante los españolitos de a pie, al menos lo hiciera al oído de las autoridades económicas europeas para evitarnos sofocones y marasmos de bolsas y primas. Y que, a ser posible, dejen de tratarnos como si fuéramos -que no los somos, única vez en que el presidente ha sido claro y tajante- Uganda.

Después de dos semanas con el personal esperando con la chinchonera puesta a la espera del anuncio de nuevo recortes, todo indica que será el viernes 13 cuando tendremos más de lo mismo. Dos semanas después de que los Presupuestos Generales del Estado, con 40.000 millones de recortes, entre en vigor, el Gobierno va a enmendarlos con otro tijeretazo de 30.000 millones. Si no fuera porque la medida se va a cargar el turismo, con la subida del IVA, va a dejar sin amparo a los dependientes, con menos ingreso a los funcionarios y con menos pensión a los pensionistas y la cosa no es para chistes, habría que recordarle lo de aquel que comenzó a tirar de un padrastro y terminó desollándose vivo.

Forrest Gump aseguraba que “tonto es el que dice tonterías”. Pues bien, obvio es el que dice obviadades. Rajoy Gump es el campeón de las obviedades, del tópico y el lugar común. Sus hagiógrafos dicen que dice lo mismo que piensan la mayoría de españoles. Pero olvidad que lo españoles le han votado, y le pagan el sueldo, no para que nos diga lo que ya sabemos, sino para que haga lo que tenga que hacer para solucionar los problemas y no para aumentarlos. Y que explique por qué y para qué toma las decisiones. Para que podamos debatir si son los únicas, como afirma el PP, o hay otras

“Mama siempre decía que la vida es como una caja de bombones, nunca sabes cual te va a tocar”, dice Forres Gump. A los españoles en la caja de bombones de la política nacional nos ha tocado Rajoy. Pero si sabíamos quien era. Otra cosa es que nos hiciéramos los locos o los despistados y eligiéramos mirando hacia otro lado o a ciegas. Los bombones de la ‘caja roja’ se pueden elegir y son perfectamente identificables en su sabor, textura, etcétera. Pero si coges uno al azar y con los ojos cerrados tienes muchas posibilidades de equivocarte. Todo indica que a Rajoy muchos le votaron con los ojos cerrados y la nariz tapada (por el olor a corrupción que emana de la trama Gürtel). Esperaban soluciones y sólo surgen problemas

Varios sectores empresariales criticaban esta semana la indefinición del Gobierno a la hora de tomar decisiones, mientras Rajoy Gump repite, como un mantra, que nos esperan nuevas medidas de recorte. Sostienen que esta situación está causando perjuicios económicos directos y ahuyenta a los inversores. Pero es la marca de la casa del PP. Demorar al máximo la toma de decisiones y hacerlo asegurado que son las únicas posibles, que no les gusta adoptarlas, pero que no tienen más remedio. Informes como los hechos públicos por Ghesta, la asociación que reúne a técnicos de Hacienda, demuestran que no es cierto que no hay alternativas. El ejemplo de la Francia de Hollande también marca camino. ¿Por qué entonces la contumacia en aplicar sólo medidas de recorte? Posiblemente porque cuando se hace presidente al maestro Ciruela y comienza a actuar como Forres Gump ya no hay muchas opciones y menos aún pedir peras al olmo.

Llegados a este punto lo que procede es recurrir el chiste y pedir a la Virgen de Lourdes que nos quedemos como estamos. Auque tengo para mi que lo peor está por venir si no les paramos.
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