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Mi voto a favor del referéndum
Me apunto al referéndum que proponen los sindicatos. Los ciudadanos deben poder opinar si están de acuerdo o no con las medidas que el Gobierno ha puesto en marcha y que ni de lejos ni de cerca figuraban en su programa electoral. Es más lo que nos prometieron fue todo contrario de los que hacen. Y no estamos hablando de una cuestión que nos sea ajena. Las decisiones del Gobierno las estamos pagando todos. O casi todos para ser exactos. La incidencia de estar o no estar en la OTAN no tenía implicaciones tan terriblemente directas sobre la vida de los ciudadanos y hubo referéndum. ¿Por qué ahora no? ¿Empeoraría nuestra posición ante los mercados? Improbable. En todo caso cabe preguntarse que es más fiable si un Gobierno debilitado por la revuelta popular o que la revuelta popular se canalice a través de la urnas.

La Constitución española establece numerosas limitaciones y reservas a la convocatoria de referéndums. Es más que dudoso que los temas que nos afectan -impuestos, presupuestos, leyes económicas …- puedan ser sometidos a la opinión directa de los ciudadanos. La recogida de las 500.000 firmas que exige la ley ILPs (Iniciativas Legislativas Populares) no aseguraría que la consulta pudiera realizarse sobre aspectos concretos de la política económica del Gobierno. Este tendría, además, la última palabra, ya que los referéndums los convoca el Rey a petición del presidente del Gobierno y tras la aprobación por mayoría absoluta del Congreso de los Diputados. Mariano Rajoy puede bloquear con su absolutísima mayoría parlamentaria la consulta directa a los ciudadanos.

Así que desde el punto de vista lega el asunto es complicado. Todo lo contrario que desde el punto de visita político. No ignoro los problemas de imagen exterior que generaría, pero tal como van las cosas parece un medida imprescindible. O como diría un castizo: más vale una vez rojo que ciento colorado. Si se trata de recuperar la confianza en la política y en los políticos, objetivo en el que de palabra todo el mundo coincide, aunque pocos actúen en consecuencia, nada mejor que dejar que los ciudadanos puedan dar su opinión directamente sobre las medidas que el Gobierno está adoptando violentado la forma y el fondo de su programa electoral.

Es posible que una mayoría de ciudadanos le compre la idea al PP de que no tienen más remedio que hacer lo que hacen; que la culpa es de los socialistas por lo mal que lo dejaron todo (la herencia); que no hay otra alternativa y que los sacrificios de hoy hay que darlos por bien sufridos porque son el bien de mañana. Y si fuera así, si ganarán el referéndum, estarían totalmente legitimado para pedir esos sacrificios e incluso más. Eso sí deben dejar claro qué es lo que piden, a quien y para qué. O tal vez no, y volver a pedir el voto ciego a los ciudadanos y si se lo dan seguir haciendo de su capa un sayo. En toco caso, si gana, estaría totalmente legitimado para seguir adelante con los recortes e, incluso, con taza y media más.

Pero también puede suceder que los ciudadanos le digan al Gobierno que su voto no es para bajar el sueldo a los funcionarios, abaratar el despido, recortar el Estado del Bienestar con hachazos a la educación y la sanidad pública; ni para dejar desprotegidos a las personas dependientes y sin ayuda a los parados que ya no cobran prestación alguna por desempleo; que no les han votado para que suban los impuestos a los que ya pagan impuestos y ofrecer amnistías fiscales a los defraudadores. Y que estando de acuerdo en que hay que recortar gasto y subir los impuestos, ni lo primeros tiene que afectar solo a los derechos y prestaciones de las clases medias y de los trabajadores y de lo segundo quedan exonerados las grandes fortunas.

A lo mejor hay más ciudadanos de los que el Gobierno sospecha que creen que si hay alternativa. Que se puede recortar el déficit del Estado y crear empleo al mismo tiempo; que ni de la quiebra del Estado tienen la culpa las autonomías -otra cosa es el uso que algunos han hecho de su autonomía, como por ejemplo Valencia, Madrid o Murcia, todas del PP- ni el número de concejales de los pueblos de España. Y que si hay que salvar a alguien primero quieren que se salve a los desahuciados que a los desahuciadotes, es decir los bancos y cajas que andan flojos de fondos por su mala cabeza y las grandes chorizadas de sus directivos.

En el caso de que el Gobierno convocara el referéndum y la mayoría del pueblo español dieran un no rotundo a los recortes la situación no será fácil, pero tiene salidas democráticas impecables, salvo que los que meten miedo sobre esa posibilidad estén hablando pensando en otras cosas. La inestabilidad política que supondría un resultado contrario a los recortes se podría conjugar de dos maneras. La primera y más lógica es que el PP, que evidentemente había perdido la consulta, convocase elecciones anticipadas y se sometiese, esta vez con su programa de verdad y no contándonos el cuento de la lechera, al veredicto de los ciudadanos. La segunda es que el PP, argumentando los costes de una campaña electoral –aunque se puede hacer a coste cero si se quiere- o invocando la necesaria estabilidad hacia el exterior, decida seguir en el Gobierno, pero asumiendo el mandato de los ciudadanos expresado en las urnas. En ese caso, y para ser creíble el cambio de rumbo, necesitaría sellar un gran pacto político-social y abordar el nuevo programa de Gobierno de la mano de la oposición y los agentes sociales en los términos marcados por la voluntad popular.

Hay una tercera opción que pasaría por ignorar el resultado del referéndum y seguir en las mismas, invocando la legitimidad del resultado electoral del 20-n. Desde el punto de vista legal ningún pero, pero no seria un actitud ni ética ni estéticamente presentable. Pero para eso mejor no convocarlo, salvo que sea un referéndum-trapa que sólo sirva si sale lo que le interesa al convocante, en este caso al PP. No convocar, si se reúne las firmas suficientes, o no respetar el resultado si resulta desfavorable, que tanto monta, llevaría a situaciones indeseadas que todos tenemos en mente y nos producen pesadillas.
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